Los monjes budistas, en un retiro de meditación en el norte de Tailandia, se disponen a recibir las ofrendas de los lugareños en las montañas —frutas, arroz o dulces— como parte de la práctica de la generosidad, o dāna, una de las bases del camino espiritual budista. Para los monjes, aceptar estas donaciones es también un ejercicio de receptividad y gratitud, integrado en un ritual diario que conecta al mundo monástico con la comunidad exterior. A través de estas imágenes, busco que este gesto silencioso —común en muchas culturas y religiones de Oriente— despierte en nosotros, desde Occidente, una reflexión sobre el dar, el desapego y la interdependencia.